Saturday, February 3, 2007
Dr Sheila Cassidy
Sheila Cassidy, medical doctor and Christian writer published her memoirs last year. A very refreshing, down to earth and sometimes surprising volume. On the final chapter and writing about God she writes: "He or she has led me a merry dance into the torture chamber and out, into the convent and out, and then through twenty years of the most satisfying work a woman could wish for. Now I have emerged into a sunlit meadow and I feel God's love like the sun on my back. I have no idea what joy or suffering the future may bring but I am ready for either" (c) Sheila Cassidy, Made for Laughter, London: Darton, Longman and Todd, 2006, p. 211.
Friday, February 2, 2007
Los Rosales de la Humanidad
Los Rosales de la Humanidad
© Mario I. Aguilar
[Dedicado a todas las compañeras que pasaron por el Cuartel Terranova y a una en particular …, desde St. Andrews en Escocia, 2007 ]
El terror continuaba
En las entrañas de la casa
Y en la oscuridad de los sarcófagos
Sarcófagos de muerte y sepultura.
Y entre aullido y penumbra
Algunos de los fantasmas
Fantasmas adormecidos
Salían a la luna y al día.
Humanidad hedionda y carcomida
Humanidad sangrienta y vomitada
Sentías su presencia y su amargura.
Sentados en la oscuridad empañada
De los ojos salientes de locura
Se olía un aroma divino,
Un aroma de plata y de medusa.
Villa, te lo conté y no me creíste
Te grité y no me contestaste
Lloré y sentí el gozo de la presencia
Olorosa de mujer y de rosa.
Te lo dije, te lo grité:
“Hay olor a ángeles malditos,
A criatura celestial, a doncella
Querida y deseada”.
Pero no me creíste, ni me amaste
Villa maldita de olores de muerte
Y olores de doncella.
Eran rozas como en los días de antaño
Espinudas pero tiernas de capullo
Espinudas pero humanas de seres queridos,
De seres humanos.
Humanidad perdida, te encontré finalmente
Con los ojos vendados y las manos doloridas
Los rosales humanos que llamaban
Y te llamaba, pero sin respuesta
No fue un sueño o una pesadilla
Fue el aliento doloroso de mi amada
Que me acompañaba por momentos,
Momentos de gozo y de alegría.
No las vi pero existían
No las toqué pero me hablaban
No las contuve pero me apoyaron
Villa maldita, de olores rasurados.
Hoy te lo cuento Villa maldita
Ellas estaban y existían
Ellas tenían ese aroma de mi amada
Que nunca volvió, que me quería.
Hoy te lo grito Villa maldita
Ellas se fueron pero se quedaron
En el viento, en la tierra y en los rosales.
Rosales benditos, rosales divinos
De muerte y de vida
Esperanza y alegría,
De algún día y de hoy día.
© Mario I. Aguilar
[Dedicado a todas las compañeras que pasaron por el Cuartel Terranova y a una en particular …, desde St. Andrews en Escocia, 2007 ]
El terror continuaba
En las entrañas de la casa
Y en la oscuridad de los sarcófagos
Sarcófagos de muerte y sepultura.
Y entre aullido y penumbra
Algunos de los fantasmas
Fantasmas adormecidos
Salían a la luna y al día.
Humanidad hedionda y carcomida
Humanidad sangrienta y vomitada
Sentías su presencia y su amargura.
Sentados en la oscuridad empañada
De los ojos salientes de locura
Se olía un aroma divino,
Un aroma de plata y de medusa.
Villa, te lo conté y no me creíste
Te grité y no me contestaste
Lloré y sentí el gozo de la presencia
Olorosa de mujer y de rosa.
Te lo dije, te lo grité:
“Hay olor a ángeles malditos,
A criatura celestial, a doncella
Querida y deseada”.
Pero no me creíste, ni me amaste
Villa maldita de olores de muerte
Y olores de doncella.
Eran rozas como en los días de antaño
Espinudas pero tiernas de capullo
Espinudas pero humanas de seres queridos,
De seres humanos.
Humanidad perdida, te encontré finalmente
Con los ojos vendados y las manos doloridas
Los rosales humanos que llamaban
Y te llamaba, pero sin respuesta
No fue un sueño o una pesadilla
Fue el aliento doloroso de mi amada
Que me acompañaba por momentos,
Momentos de gozo y de alegría.
No las vi pero existían
No las toqué pero me hablaban
No las contuve pero me apoyaron
Villa maldita, de olores rasurados.
Hoy te lo cuento Villa maldita
Ellas estaban y existían
Ellas tenían ese aroma de mi amada
Que nunca volvió, que me quería.
Hoy te lo grito Villa maldita
Ellas se fueron pero se quedaron
En el viento, en la tierra y en los rosales.
Rosales benditos, rosales divinos
De muerte y de vida
Esperanza y alegría,
De algún día y de hoy día.
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